La resistencia, provincia por provincia

Un mapa federal de los conflictos laborales bajo el gobierno de Milei

Desde la asunción de Javier Milei, la Argentina atraviesa una ofensiva económica y social de una profundidad que no admite eufemismos. El ajuste no es una consigna: es una experiencia cotidiana que se expresa en despidos, suspensiones, cierres, quiebras, retiros “voluntarios” forzados y ventas de empresas. Frente a ese proceso, lejos del relato oficial del “orden” y la “normalización”, crece un fenómeno silenciado: la resistencia de los trabajadores.

El Observatorio de Trabajo y Derechos Humanos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires registró 4.359 conflictos laborales desde el inicio del actual gobierno. El promedio es contundente: 182 conflictos por mes, tanto en el sector privado como en el estatal. Se trata, además, de una cifra parcial. Los propios investigadores reconocen la enorme dificultad de relevar la totalidad de las luchas que se desarrollan en cada rincón del país, muchas de ellas ignoradas o deliberadamente invisibilizadas por los grandes medios de comunicación. Esa omisión sistemática es algo que cualquiera que haga un seguimiento —aunque sea limitado— de la prensa provincial puede corroborar.

En las últimas horas, la economista y diputada Julia Strada aportó un material gráfico tan impactante como revelador. A partir de datos del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaboró un mapa federal de los conflictos del sector privado registrado durante los dos primeros años del gobierno de Milei. El resultado vuelve imposible sostener la idea de una sociedad pasiva o resignada.

Según ese relevamiento, 677 conflictos laborales fueron protagonizados por trabajadores privados para enfrentar despidos, suspensiones o cierres de empresas. No se trata de focos aislados ni de episodios excepcionales: el conflicto está extendido territorialmente y atraviesa prácticamente todas las provincias.

Un país en conflicto

Las imágenes que acompañan esta nota muestran con claridad esa dimensión federal de la resistencia. Buenos Aires, con 176 conflictos, concentra el mayor número, seguida por Santa Fe (69)Córdoba (42) y CABA (41). Pero el dato político central no es solo la magnitud en los grandes centros urbanos, sino la capilaridad del conflicto.

En el norte del país, provincias como Tucumán (24)Salta (20)Jujuy (9)Corrientes (20)Chaco (10)Formosa (3) y Santiago del Estero (6) exhiben luchas en sectores industriales, comerciales, alimenticios y de servicios. En el NEA y el NOA, donde el discurso oficial suele prometer “inversiones futuras”, la realidad inmediata es ajuste, despidos y cierres.

La Patagonia tampoco es ajena al proceso: Tierra del Fuego (29)Santa Cruz (19)Chubut (17)Río Negro (11) y Neuquén (8) muestran conflictos ligados a la industria, la energía, el petróleo, el comercio y los servicios. Incluso en provincias de menor densidad poblacional, el impacto del modelo se traduce rápidamente en pérdida de puestos de trabajo y precarización.

En el centro del país, Entre Ríos (21)San Luis (12)La Rioja (59)Catamarca (14)Mendoza (18) y La Pampa (11)confirman que no existe un “interior productivo” blindado frente al ajuste. La motosierra no discrimina por geografía: avanza allí donde encuentra relaciones laborales que abaratar, derechos que recortar y organizaciones que debilitar.

Más allá del número

Cada triángulo de alerta y cada símbolo de cierre en estos mapas representa conflictos concretos, con nombres de empresas, localidades y trabajadores. Son historias de familias que pierden ingresos, de comunidades que se empobrecen, de derechos conquistados que se ponen en cuestión. Pero también son experiencias de organización, protesta y resistencia, muchas veces fragmentadas, defensivas y desiguales, pero persistentes.

El relato oficial insiste en presentar el ajuste como una necesidad técnica y a la protesta como un residuo del pasado. Sin embargo, estos datos muestran otra cosa: la conflictividad social no desapareció, simplemente fue desplazada del centro de la escena mediática. La resistencia existe, se multiplica y adopta formas diversas según el territorio y el sector.

Un mapa para leer el presente

Este relevamiento no agota la realidad del conflicto laboral en la Argentina, pero ofrece una clave fundamental para leer el presente: el modelo neoliberal de Milei no avanza sin resistencia. Aun en condiciones adversas, con sindicatos a la defensiva y un Estado que se retira de su función protectora, los trabajadores siguen dando pelea.

Provincia por provincia, empresa por empresa, la Argentina real contradice el discurso triunfalista. Este mapa no muestra solo crisis: muestra también un país que no se resigna.

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