Milei entrega la soberanía y el territorio mientras el hambre se extiende. El peronismo se desgarra en una interna estéril y la izquierda se encierra en su sectarismo. Alberto Nadra les reclama a los principales referentes opositores que dejen de lado sus diferencias y convoquen ya a una amplia coalición que encabece las luchas, frene el ajuste y libere a los presos políticos. El precio de la inacción es la condena de millones
Sí, basta. Basta de este gobierno entregador y hambreador. Pero también basta de un peronismo que se autodestruye en una interna inexplicable, sin propuestas de cara a un pueblo que sufre. De una izquierda que lucha sin rumbo claro y un trotskismo que reclama y pelea, pero exige un principismo abstracto, privilegia el crecimiento partidario y sectariza su propio frente. Basta de gobernantes que nos venden, y basta de opositores que se miden y discuten entre ellos mientras el pueblo se desangra.
No me detengo en el PRO, en la UCR hegemónica ni en los gobernadores “dialoguistas” —en realidad, colaboracionistas—: son parte del proyecto neoliberal en curso
El precio del cálculo y el hegemonismo
En estos días me pregunto, con la angustia compartida por millones, si ustedes, Cristina Fernández de Kirchner, Axel Kicillof y Myriam Bregman, son plenamente conscientes del costo de la entrega y destrucción de nuestra Patria, del dolor y sufrimiento que se expanden. A Cristina y Axel les reclamo que abandonen los cálculos electorales; a Myriam le reclamo que la pureza de principios y la afirmación de la propia identidad no sea una excusa para mirar de costado la construcción de un instrumento de lucha amplio.
Cristina es una estadista, demonizada e injustamente presa del poder real, en peores condiciones que genocidas y narcos. Axel un dirigente formado y con esforzada gestión en una provincia sometida al sistemático ataque y desfinanciamiento del gobierno nacional. Los dos, en el grado que corresponda, son referentes de millones y es difícil creer que ignoren el precio cotidiano que en el llano cobra la falta de orientación de la acción política para resistir. Pero precisamente por eso, su inacción estratégica no es un lujo que puedan permitirse, sino una condena que profundiza el sufrimiento de quienes los votaron con esperanza.
Antes que nada, y para que quede claro el sentido de mi vocación unitaria, entiendo que ella implica trabajar con quienes piensan distinto. Así ha sido en estos años, pese a diferencias de fondo con la ex presidenta, quien dijo y repitió que “el capitalismo es el mejor sistema para la producción y distribución de riqueza”. También con quienes, junto al gobernador bonaerense y más allá de respuestas coyunturales, entienden al keynesianismo y sus variantes como sinónimo de justicia social. No lo son, aunque está a la vista que existen recetas mucho más agresivas y destructivas que aplica el establishment.
Detrás de la interna, un caballo de Troya
Peligrosa y paradójicamente, a falta de diferencias ideológicas de fondo, tanto Cristina como Axel parecen tolerar la clara presión que ejercen algunos gobernadores, intendentes y dirigentes de sus espacios, quienes encarnan un intento abierto de sepultar al peronismo como opción nacional y popular, para ubicarlo como pata de un bipartidismo conservador.
Así, Miguel Ángel Pichetto se reinventa como solidario con Cristina. Guillermo Moreno renuncia a sus críticas a la herejía doctrinaria del ‘cristinismo’ para aplaudir con entusiasmo el discurso de Máximo Kirchner —entusiasta, pese a que no hace mucho le acusaba de ser el líder de un grupo de ‘progres que no saben laburar’—. Sergio Berni olvida su reiterada lealtad a Kicillof y pasa a cuestionarlo en la legislatura bonaerense, bajo una supuesta defensa de Cristina, pero siempre desde un enfoque de ultraderecha. Algunos intendentes y burócratas sindicales promueven la inauguración, en La Plata, de una calle con el nombre de José Ignacio Rucci —símbolo de la burocracia sindical y mentor de grupos parapoliciales—, invitan al gobernador y festejan su presencia. Sergio Massa, atento y vigilante, frecuenta los despachos de ambos espacios.
Ese proyecto de derechización pone huevos en las dos canastas, y eventualmente en una tercera que pueda surgir como “prenda de unidad”. En esta irritante interna abundan los gestos de una soberbia propia de tiempos mejores. Aun así, todos parecen sentirse propietarios exclusivos del peronismo y del destino del país, mientras dejan a su militancia sin orientación y abandonan la creciente resistencia al ajuste, la que queda librada a las crecientes —y mayoritariamente espontáneas— luchas por sector.
De esta manera, la mística del peronismo de la Resistencia, del arrollador vencedor en cualquier elección realizada sin proscripciones, parece quedarle muy grande a quienes vemos cómo se destrozan, para perder mucho de su prestigio y apoyo social. Ahora también escasea la confianza en el peronismo y se espera que muestre y demuestre que es capaz de conducir al conjunto del pueblo argentino hacia un futuro mejor.
En estos años, junto al crecimiento, desendeudamiento y mejora de la calidad de vida en “la década ganada”, también vivimos —sin autocrítica mediante— un “vamos por todo” que terminó en parálisis, desertores que terminaron como funcionarios, candidatos oficiales y hasta un presidente. Se insinúan “nuevas canciones” cuyos versos y estribillos están pendientes.
Con este panorama, se entiende mejor porqué el reconocimiento de “los años más felices” ceda paso a la reinstalación del recuerdo de una galería de personajes propios, pero muy distantes de la tradición combativa del peronismo. Personajes que son la contrapartida de las banderas de justicia social, independencia económica y soberanía política: levVandor, Isabel Martínez, Osinde, López Rega, Lastiri, Ottalagano, Menem, Ruckauf e incluso los Daniel Scioli.
Una urgente convocatoria a una coalición antifascista con puntos mínimos
A contramano de esta realidad, muchos de los que no somos peronistas pero admitimos su hasta ahora papel central en el movimiento nacional y popular, que lo hemos acompañado en más de una ocasión, estamos convencidos que tiene la responsabilidad de asumir la convocatoria a una amplia coalición antifascista, como alternativa inmediata al gobierno actual, en base a un acuerdo de puntos mínimos económicos y sociales, incluida la libertad de Cristina Kirchner, Milagro Sala y todos los presos políticos y sociales. Que debe llamar a la movilización popular para desplazar a Milei, para llevar esos acuerdos sector por sector, territorio por territorio, con la perspectiva de que sean plataforma de estricto cumplimiento en los primeros 100 días de un nuevo gobierno.
Después, solo después, podemos seguir discutiendo. A nuestra angustia del presente se sumará una nueva y dolorosa frustración si el proyecto de homogeneizar por derecha al peronismo prospera, si nuevamente se elude esa urgente convocatoria y se especula, nuevamente, con someternos a la pasividad y al chantaje de optar nuevamente por “el menos malo”.
Tal frustración abriría —y hasta justificaría— el camino al alternativismo electoral estéril de la izquierda en general y del trotskismo en particular, a la atomización del progresismo y una creciente abstención.
Encerrados en estas falsas opciones, sin priorizar ya la movilización antifascista para disputar el poder político, finalmente se impondrá el continuismo neoliberal u otra opción centroderechista.
A la izquierda, que enfrenta una difícil encrucijada, le cabe la responsabilidad de poner en evidencia este juego perverso y a sus protagonistas, de no subordinarse, pero tampoco aislarse en el sectarismo y hacer propia la propuesta de una amplia coalición, sin bajar bandera alguna.
No se trata de disimular y menos renunciar a los programas de máxima de cada fuerza, y en nuestro caso al objetivo socialista, pero hay que priorizar acuerdos que de inmediato reparen la cruel situación que atraviesa la enorme mayoría de los argentinos.
En definitiva, el pleno protagonismo popular y un acuerdo programático de emergencia son la única respuesta si realmente se quiere torcer el rumbo actual. La historia no perdonará a quienes tengan el poder de convocar y miren para otro lado. Si hoy no nos unimos para frenar el despojo, mañana no tendremos pueblo al que liberar ni memoria que nos absuelva.
