Dora, los compañeros y Viglietti

Son las tres de la mañana.

La emoción pone a raya el vino que pretendió festejar ese momento o ahogar el dolor de otros amigos perdidos.

Dora Rud, cordobesa de ley, forzada a ser porteña luego del secuestro de su esposo, Rubén Goldman en los años oscuros, cumplió sus varias décadas, y estoy con Leonor  mi compañera de 32 años, la hija del “Flaco” Canelles, desgarrada por el dolor infinito que le enseñó a convivir con la morfina, cuando los años fueron marcando a fuego las heridas de la tortura.

Enfrente, Raquel Sosa, la esposa de Raúl “el negro” Trigo, también “desaparecido en esos años., una figura entrañable. Todos camaradas de lucha, firmes en su compromiso, que cada cual renovó a su manera. La charla podría haber sido eterna. El físico de Leo no.

 En otra mesas otros dramas y otros sobreviviente hablaban del hoy, sin olvidar, pero como si esa noche oscura no los hubiera acuchillado, mutilado afectos para siempre, arrancando vida a sus vidas.

Pero alguien nos devolvió lo mejor de aquellos años. La magia incomparable de la convicción y la voluntad de vencer. Como si nada, sin multitudes, para esos amigos, compañeros de lucha, se levantó su voz, humilde, potente, sabiendo que centenares de miles entonaron esa melodías, y seguirán entonándolas, como ese puñado que lo escuchábamos, impactados. 

“A desalambrar….que la tierra es nuestra, tuya y de aquel, de Pedro, María y… de Dora también”.  Quien le deseaba el feliz cumpleaños, con un abrazo que acompañábamos todos era Daniel Viglietti, el artista, pero sobre todo el compañero.

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