Cristina, Perón y el diálogo

Cristina Fernández de Kirchner propuso a los argentinos la construcción de un nuevo Contrato Social y lo vinculó con las propuestas de acuerdos promovida por Juan Perón durante su última presidencia, lo que permite reflexionar acerca de la revalorización de este aspecto de su legado político.

    A su regreso, luego de ser perseguido y proscripto por casi 20 años, Perón concretó el más importante intento de sellar la “grieta” que falsamente dividió al país entre peronistas y antiperonistas, una brecha que fue irresponsablemente alimentada para cuestionar la gestión kirchnerista, y ahora para sostener al macrismo.

    Frente a la difícil situación económica que dejó la dictadura de Onganía/Lanusse, Perón concretó la llamada Acta de Compromiso con los productores agrarios. Era el cierre de un lineamiento iniciado con el Pacto Social, durante el gobierno de Héctor Cámpora, que tuvo como protagonistas al ministro de Economía, José Ber Gelbard, el sindicalismo y el empresariado.

    Ambas iniciativas recibieron rechazos dentro y fuera del Frejuli, pero no hubo cuestionamientos ante la mayor audacia de la etapa: la convocatoria presidencial para un diálogo, sin temario previo, con los ocho partidos que entonces tenían representación parlamentaria. En concreto la UCR, el Intransigente (PI), Comunista (PC), Demócrata Progresista (PDP), Revolucionario Cristiano (PRC), Socialista de los Trabajadores (PST), Socialista Popular (PST) y UDELPA.

    El primero de los encuentros, realizado en abril de 1974 en la Quinta de Olivos, fue presidido por el propio Perón y permitió elaborar un documento en que las fuerzas participantes se pronunciaron por la defensa y consolidación del proceso democrático frente a “los poderes que desde antiguo han venido sometiendo a la República”; a favor del federalismo y de la integración latinoamericana, entre otros puntos. Otros dos ejes fueron la ratificación de la individualidad e independencia de cada partido y el compromiso de mantener una comunicación fluida, permanente.

    Estas reuniones, de un estilo inédito, para dialogar francamente entre el gobierno y las fuerzas que no participaban de él, se mantuvieron regularmente, e incluso fueron ampliadas con la participación de distintos ministros del Gabinete que debían responder inquietudes o encarar soluciones a los problemas planteados. No volvieron a repetirse tras la muerte de Perón.

    Tiempos difíciles entonces y ahora, aunque por razones distintas.
Entonces, junto a la ola de atentados y crímenes de militantes populares por bandas parapoliciales y paramilitares se empujaba el desabastecimiento, el sabotaje, la especulación y la desestabilización golpista por parte de los grupos concentrados, en sintonía con las ambiciones externas.
    Este segundo aspecto fue el que motivó la convocatoria del presidente Perón a la acción organizada del pueblo en su último discurso, pronunciado el 12 de junio de 1974. Aquella pieza, una suerte de testamento político, dejó claro que había regresado “para lanzar un proceso de liberación nacional y no para consolidar la dependencia”.

Ahora, con tres décadas con democracia formalmente consolidada, pero con sus conquistas en peligro, el desafío es superar el brutal endeudamiento, la destrucción del aparato productivo y el saqueo al bolsillo popular que prosigue la gestión de Cambiemos.
Plantear, hoy, un “contrato social” es asumir el reclamo de la hora. Implica retomar aquel legado político y profundizarlo, con una amplia participación y un protagonismo imprescindible, pero hasta ahora nunca logrado.

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