Madres: 40 años después

Clarín en su tapa ignora que hoy se cumplen 40 años de la primera marcha de las Madres. En realidad no “encuentra” unas líneas para el tema en las más de 120 páginas de su edición dominical.   Tampoco, al menos en su portadas, La Nación, La Prensa, y otros, que repiten la infamia de su complicidad, y en el caso de los diario de Magneto/Noble y los Mitre, la apropiación conjunta de Papel Prensa, con la dictadura genocida.
   Página/12, en cambio, ofrece el estremecedor relato Mirta Acuña Baravalle y Haydée Gasttellú de García Buelas, las únicas dos protagonistas vivas de aquella primera ronda de 14 (catorce) madres. ¿Las que ya no están? : Azucena Villaflor de De Vincenti (primera presidente de Madres, luego secuestrada y asesinada junto a otras fundadoras y protagonistas del movimiento) Berta Braverman, María Adela Gard de Antokoletz, Julia Gard, María Mercedes Gard y Cándida Gard (4 hermanas), Delicia González, Pepa Noia, Kety Neuhaus, Raquel Arcushin, Elida De Caimi y una joven cuyo nombre aún se desconoce.
   Otro matutino, rinde sentido homenaje, con un error bastante común, y repetido: dice que estuvieron solas.
   No fue así.
   Lo explica, en sus palabras, Haydée Gasttellú de García Buelas, en el reportaje citado: además de girar en torno a la Pirámide, también organizaban visitas a organismos del Estado, presentaciones de hábeas corpus, acudían a Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, que muchas de ellas ya conocían; a la Liga Argentina Por los Derechos del Hombre (LADH) y a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos  (APDH), que actuaron desde el primer día del Golpe. “Nos juntó la búsqueda de nuestros hijos e hijas, no es que decidimos conformar una organización con determinados intereses. Sobre la marcha fuimos naciendo”, remarca Mirta, quien no solo fundó Madres, sino también Abuelas de Plaza de Mayo junto a otras mujeres que además de buscar a sus hijos o hijas querían encontrar a sus nietos”.

Si 1976 fue un año de terror, también es cierto –y pocos, muy pocos, cuentan la historia– que jóvenes de distintos partidos impulsamos a días del golpe el trabajo “a tristeza” de los sindicatos, las revistas artesanales de los colegios secundarios o la lucha contra el arancelamiento en la universidad, mostró inmediatamente la primera resistencia popular a la dictadura, 1977 fue el que permitió gritar al mundo la existencia de los “detenidos-desaparecidos” y la foto de las madres recorrió y conmovió al mundo.
   Recuerdo que aquel lluvioso 30 de abril de 1977 estuve junto a ellas con una delegación de las Juventudes Políticas, en plena y dificultosa reconstrucción, decisión que tomamos en la LADH, lugar de los primeros encuentros de Madres y Familiares de Desaparecidos y detenidos por razones políticas.
   De aquella presencia dio cuenta el entonces joven cronista de la agencia Noticias Argentinas Fernando Del Corro, quien puso el cuerpo solidario, pero además realizó una crónica que lógicamente nadie publicó en el país, pero tuvo repercusión en las agencias extranjeras.
   Aquel 30 de abril, tal vez el de “circulen, circulen” que pario las rondas que primero fueron los viernes, y luego los jueves (por “cábala” vale recordar) las Madres no llegaron a completar una vuelta y fueron desalojadas, con fuerza pero sin represión.
   Meses más tarde, ya centro de atención de todos los periodistas extranjeros, la represión fue brutal el 14 de octubre de 1977.
   Personalmente se me confunden los recuerdos y las fechas precisas: los recortes, apuntes y archivos se perdieron, y reconstruyo de memoria, y en este caso con el recuerdo de Marta Rosin, militante de la Fede y luego Brigadista en Nicaragua, ahora inclaudicable militante en la lucha docente:
   “Eran las Madres y un puñado de jóvenes militantes. A esa altura, ya había recorrido con algunos compañeros, que se hacían pasar por “abogados” (nos disfrazábamos de adultos), por todas la guarniciones militares, Campo de Mayo, cuarteles de Martelli, Colegio Militar, buscando a nuestros desaparecidos, sin saber aún que ahí funcionaban centros clandestinos.El horror se hace más vivible, cuando lo enfrentamos con la militancia, la lucha y la esperanza, que la injusticia no es para siempre.Caí presa en la marcha de Madres el 14 de octubre, en que me hice pasar como prima de Inés Olleros (joven comunista secuestrada, caso piloto de la CIDH para probar el terrorismo de Estado durante la dictadura. AN) en el interrogatorio, previo acuerdo con la mamá de Inés“Por decisión de Jorge Garrido (fallecido, entonces responsable de Relaciones Políticas de la FJC de la provincia de Buenos Aires. AN), yo empecé a militar en la Liga juvenil de la provincia, al poco tiempo del golpe de estado. En 1975, me agarró la intervención en la UBA, donde militaba y en 1976, empecé la carrera en la Universidad Nacional de Luján.“Creo que fui con otrxs compañerxs aquel 30 de abril, pero sin duda estuvimos en octubre, cuando la represión fue brutal.“Éramos no más de 200“Nos reprimieron con gases y la Policía Montada. Caminaba cerca de la mamá de Inés. Y de repente, ante la represión, empezamos a correr a la deriva. Los milicos, pararon colectivos e hicieron bajar a los pasajeros para llevar detenidos. “Yo corría sin saber hacia dónde, cuando un cura, se levanta la sotana para correr a velocidad y nos grita a todos que no escapemos solos, que subamos juntos a los colectivos.“Yo dudé en hacerlo, pero insistía que era peligroso correr solos, que no nos separemos y vayamos juntos. Pues subí a uno de los colectivos y nos llevaron, si no me equivoco, a la comisaría segunda
“Este hecho está también registrado en la película “La amiga” con Cipe Lincovsky y Liv Ullman.“Las mujeres nos concentramos en el patio de la comisaría. Nos sentamos en el piso y empezamos a cantar por la libertad. También estaba Hebe y la mamá de Anita Bianco, May Ponce de Bianco, fundadora de Madres junto a Azucena Villaflor
“Las mujeres grandes fueron interrogadas en primer lugar. Las jóvenes (un puñado), a la madrugada. Nos maltrataron. A mí tres tipos me encerraron en una habitación de la comisaría y me banqué un interrogatorio prolongado y muy duro. Querían saber a qué organización pertenecía.“En todo el interrogatorio, me hice pasar como maestra (en realidad ya lo era) y como sobrina de la mamá de Inés que había ido a acompañar ‘a mi tía’. No me moví de ese relato. Y finalmente, me largaron al amanecer. Sí, recuerdo, caminar sola, aterrada, sola en la oscuridad…Caminé con ellas toda la dictadura. Y tuve miedo.
Orgullosa de mi generación, que supo saber en qué vereda caminar.Los ideales mueven montañas y el mundo.Sin ellos, la vida es pasajera.

   Al decir de Ailin Bullentini en “Una historia de lucha que se convirtió en símbolo”;

 “En Mirta y Haydée vive la historia sobre el comienzo de la organización de derechos humanos más emblemática de la Argentina. Son las únicas de ese grupo fundador que no solo viven sino que participan activamente de la línea fundadora de Madres de Plaza de Mayo. Mirta tiene 92 años. Camina lento, el mismo ritmo con el que habla y responde correos electrónicos. Su pelo cano se camufla con el pañuelo blanco que lleva el nombre de Ana María Baravalle, secuestrada en agosto de 1976 embarazada de 5 meses. Haydée cuenta 88 años y divide su tiempo entre el cuidado de su marido y “las tareas en Madres”. Cuando se les pregunta por el cuadragésimo aniversario de la organización que fundaron, lo hacen con sorpresa: ‘40 años ya, qué bárbaro’. Un poco porque no se imaginaron nunca que serían Madres de Plaza de Mayo desde aquel 30 de abril de 1977 y para siempre; otro poco porque ‘cuando uno busca un hijo no anda registrando qué hace, cuántas veces lo hace, cuándo lo hace’, apunta Mirta para justificar sus lagunas en términos de fechas concretas. El argumento vale, pero no solo para eso: ‘La ausencia se vuelve eterna y entonces ya no importa si son tres años o cien que buscás y esperás que el abrazo vuelva. Es para siempre”. 
   Para siempre, Madres, Abuelas, el pueblo la abraza.

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